13 de febrero de 2020.

MiriamNoticias desde el PROS

13 de febrero de 2020.

Al despertar esta mañana, fondeados en medio del canal navegable del Río Gallegos, a la espera de la pleamar, el primer sentimiento que afloraba a nuestros espíritus era el de gratitud. Aún resonaban en nuestros oídos las palabras de afecto, los discursos emotivos y las muchísimas muestras de amistad recibidas en la jornada de ayer. Porque, en efecto, de modo verdaderamente sorprendente, un sinnúmero de personas e instituciones se coordinaron en tiempo récord, para hacer de nuestra estancia en Río Gallegos una experiencia difícil de olvidar. Todos eran argentinos. Muchos con raíces en España. Algunos con antepasados llegados hace un siglo de Asturias, de Galicia, o de otras regiones, para trabajar en el campo o en las importantes minas de carbón de la zona. Otros eran de menor tradición en la Provincia de Santa Cruz o contaban con raíces españolas menos precisas. Pero los había también de origen italiano, inmigrantes coetáneos de los españoles o más recientes, de la antigua Yugoslavia. Todos ellos, unidos por un sentimiento de proximidad hacia los navegantes recién llegados, empeñados en conmemorar que esta parte del mundo existe desde que hace quinientos años la Expedición de Magallanes-Elcano la nombró por primera vez y la puso en el mapa.

A todos ellos: a Alejandro Agulla, guía del PROS a través de los bancos de arena de la ría de acceso; Paulo Lunzevich, Presidente de la Cámara de Comercio; Jorge Oscar Caballero, presidente de la asociación española de Socorros Mutuos; Montserrat, vicepresidenta de la institución (nacida en Baracaldo, por cierto); Rubén, que preparó un incomparable asado de cordero; Alicia Cáceres; Ramiro Tachuela, que nos condujo en coche generosamente por las calles de la ciudad; Miguel Ángel Muñiz, guía infatigable y gestor de buena parte las incidencias; Alejandro Cappa, Cónsul honorario de España, de inspirado verbo e incansable en su ayuda; Ariel Rivera, que hizo posible la singular operación de suministro de gasoil y aprovisionamiento del barco desde el muelle; el Cuerpo de Bomberos de Río Gallegos que se acercó al muelle con un camión…. , no para extinguir ningún fuego sino para llenar gratuitamente nuestros tanques de agua. A todos ellos y a los muchos que no puedo designar por su nombre, vayan estas líneas con nuestro emocionado reconocimiento y nuestro perdurable afecto.

Los 14 metros de amplitud de marea han permitido que el barco pasara en su fondeo nocturno de tener apenas 3 metros bajo la quilla a ascender a los 17. La corriente, superior a los 5 nudos en el punto extremo de la bajamar, ha descendido paulatinamente hacia el momento de la pleamar. Para entonces, sin embargo, ya habíamos levado anclas, en demanda del océano primero, para poner luego rumbo al estrecho de Magallanes. Nos esperaban algo más de 60 millas de una navegación que esperábamos fuera dominada por vientos portantes en torno a los 20 nudos. Afortunadamente, así ha sido hasta el momento de cerrar esta pequeña crónica.

Ya nos queda poco para entrar en ese mítico Estrecho, tantas veces imaginado pero nunca antes navegado por esta tripulación. Un lugar al que Fernando de Magallanes bautizó como estrecho de Todos Los Santos cuando lo atravesó el 1 de noviembre de 1520. Es un momento que todos aguardamos con emoción contenida, los ojos atentos a la mar y haciendo votos para que los vientos nos sean tan propicios como hasta ahora. Pero de las emociones del cruce hablaremos mañana, esperamos.

Atlántico Sur:
Latitud 52º S.
Longitud: 68º32’ W.
A 20 Mn del cabo de Las Vírgenes